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Un infarto de miocardio truncó la vida del padre Fortunato Nsue, según la autopsia realizada por expertos egipcios

  • Foto del escritor: vicepress org
    vicepress org
  • 30 abr
  • 2 Min. de lectura

Los especialistas han descartado por completo cualquier hipótesis que apunte a homicidio al «no presentar el cadáver indicios clarividentes de ahorcamiento o tortura».

Tres técnicos forenses de la República Árabe de Egipto, contactados por el ejecutivo ecuatoguineano, han esclarecido a primeras horas de este miércoles 29 de abril, en Sipopo, el misterio que envuelve a la causa del repentino fallecimiento del Monseñor Fortunato Nsue Esono Ayamebiang, cuyo cuerpo inerte se halló tirado en un charco de sangre en el interior de su residencia parroquial en Paraíso, activando todas las alarmas de la comunidad católica de Malabo y dando pie a una variopinta de teorías —algunas infundadas— sobre su deceso.

‎La intervención discursiva del Ministro de Sanidad y Bienestar Social, Mitoha Ondo'o Ayekaba, precedía a la lectura del informe final confeccionado por los expertos en la materia, quienes han iniciado su análisis con un gesto de empatía tanto al país como a la familia del hasta ahora Vicario General de la Archidiócesis de Malabo transmitiendo su pesar por esta dolorosa pérdida; poco antes de desmenuzar cada detalle recabado durante el análisis del cadáver (realizado a puertas cerradas y sin la participación de otros agentes externos) con el objetivo de saciar la sed informativa de la opinión pública nacional.


‎«El examen físico, de modalidad forense-médico, incluyó equipos modernos que permitieron reconstruir el cuerpo como si estuviera en vida. Utilizamos herramientas de escaner de laboratorio, estudio de la patología y usamos muestras como sangre y orina para llegar a la conclusión”, ha explicado el portavoz del grueso de forenses que estudiaron el cuerpo recientemente.

‎Cuando se examinó de forma externa, seguía relatando, «la autopista reveló que tenía algunas heridas superficiales en la cara, bajo el labio inferior, la mandíbula izquierda y en el brazo izquierdo. Tras efectuar la autopista encontramos que tenía sangre en el cerebro, en la nariz y en la boca; ampliamos el análisis a las vísceras, donde encontramos que tenía el corazón muy grande, indicio de una enfermedad de base que padecía desde hace mucho tiempo y nos dimos cuenta de que falleció por un infarto de miocardio».

‎A tenor de todos y cada uno de estos elementos resultantes de la minuciosa evaluación realizada al ente inerte del padre Fortunato Nsue Esono, los especialistas egipcios han certificado que «la causa de muerte del paciente evidencia un infarto de miocardio que le hizo perder la conciencia, desestabilizarse y caerse, sufriendo así heridas superficiales. Así las cosas, los expertos han puntualizado que “al realizar el examen superficial no encontraron ningún signo de sufrimiento o ahorcamiento que indique un posible asesinato».

‎En un intento por evitar conclusiones precipitadas, teorías conspiranóicas o un confusionismo generalizado por desconocimiento, el Fiscal General de la República, Antonio Nzang NGUEMA MANGUE, ha compartido un pequeño matiz técnico sobre el proceso forense emprendido, invitando a la ciudadanía a la prudencia informativa, dado que «un informe forense no implica el cierre definitivo de la investigación. Al contrario, eso significa que el trabajo continuará».

‎Redacción: Andrés Ondó ETOGO OYÉ

 
 
 

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